Al iniciar la serie dedicada en estos
Pasacalles de Gargantua, bajo el título de
El piar de un Txinbo, a nuestras queridas Bilbainadas, escribí de nuestras canciones botxeras que habían acompañado cada una de las actividades diarias de nuestros conciudadanos.
Cuando uno habla de actividad, en nuestra sociedad del desarrollo, lo primero que nos asoma a la cabeza es un grupo de laboriosos bilbaínos ganando, cual galeotes al compás de una canción, el pan propio y ajeno con el sudor de nuestras frentes. Es cierto que abundan las bilbaínadas gremiales y aquellas que alaban el buen hacer de las diferentes profesiones pero no es menos cierto que en ellas siempre se mezcla intencionadamente el trajín diario con el regocijo derivado del solaz y el esparcimiento. Este y no otro creo, sinceramente, que es el propósito de todo aquel pueblo que canta a la cotidianeidad de sus experiencias: el revestir la dureza del día a día con lo mejor de aquello que nos rodea .

Entre las experiencias, que merecieron ser cantadas, nunca faltó tiempo -si bien escaso antaño en que con suerte tan sólo se descansaba los domingos- para una de las actividades más bilbaínas de todos los tiempos: el acercarse a los
Chacolines a trasegar en buena compañía unas cuantas jarras fresquitas del caldo que producían los viñedos que rodeaban nuestra capital y acompañarlas de merluza frita, bacalao al pil-pil, cazuelas de cordero en salsa, cazuelas de sardina en salsa y alguna que otra menudencia.
Sobre esta actividad chacolinera ya escribió
Don. Emiliano de Arriaga en su
Lexicón Bilbaíno:
Chacolinero es el que frecuenta los chacolines, que es muy distinta cosa de la grosera taberna. El buen bilbaíno es también buen chacolinero y en todo tiempo, pero sobre todo en los Domingos de Cuaresma, se desquita de las vigilias y ayunos merendando ande Lusiano, Tutulu, Chaquilante, Seleminchu, Trauco, Pastela, Macharratia u otros dueños de afamados caseríos, en que suelen hacer el espiche de nueva pipa en días señalados.
Otro día trataremos de los
Txakoliñes, en los que nuestros antepasados
Chacolineros disfrutaron de su asueto. Por hoy bástenos el entonar esa bilbainada que dice tal que así...
Que vivan las canciones de Bilbao
Los bilbainitos en el verano
txakolin gorri suelen beber.
Bajo las parras del Puente Nuevo,
buenas moscorras suelen coger.
Eche usted, eche usted, eche usted
avellanas a mi delantal.
Eche usted, eche usted, eche usted,
allá van, allá van, allá van.
Cogiditos de la mano
venimos de buen humor
bilbainitas y bilbainos
que se quieren con amor.
Que vivan las cansiones de Bilbao,
que viva la alegría,
de la juventud la unión,
que viva la armonía.
Viva el Puente San Antón
y el Arenal,
vivan las mocitas,
vivan las mocitas
de esta capital.
Pues eso. ¡Que vivan las mocitas y las canciones de esta capital!